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El hambre al servicio del neoliberalismo

Juan Carlos Morales González


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5 de julio de 1810, Declaración del Acta de Andependencia
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El hambre al servicio del neoliberalismo

Prólogo

La actual extensión alcanzada por el hambre (la cual contrasta con el nivel de las posibilidades científico-técnicas existentes para erradicarla) nos revela no sólo que nos encontramos en un mundo con significativos desequilibrios, injusticias e irracionalidades, sino que, también, estamos asistiendo a un peligroso momento de la Humanidad en que nos debatimos entre un avance o una reversión de consideraciones éticas y morales hasta ahora aceptadas.
Resulta increíble que una temática tan sensible para la propia supervivencia de los seres humanos no haya sido resuelta a pesar de que ha sido el objeto de numerosos estudios y eventos políticos y académicos internacionales.
Por el contrario, los análisis más recientes sobre el mantenimiento del hambre y sus secuelas en el planeta, estarían demostrando no sólo la gravedad todavía mayor adquirida por la problemática en tiempos recientes, sino también la increíble falta de voluntad política para enfrentarla por parte de los círculos de poder en las principales potencias mundiales y de los organismos internacionales.

Las razones fundamentales que, en nuestra opinión, explican esta situación son: a) la acentuación de las deformaciones estructurales en la mayoría de las naciones subdesarrolladas del planeta como consecuencia de la aplicación de las políticas de ajuste estructural impuestas por el FMI y el BM; b) el aumento de las disparidades internacionales y la consiguiente extensión de la pobreza, debidas al desarrollo de las tendencias de la globalización neoliberal; c) los avances observados en el deterioro del medio ambiente; d) la utilización sesgada del progreso científico-técnico y e) un avance de las concepciones éticas neoliberales.

Todo esto ocurre a pesar de que el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales llaman a garantizar un nivel de vida adecuado. Adicionalmente, en los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 y en los Protocolos Adicionales de 1977 es posible encontrar numerosas disposiciones relacionadas con los productos alimenticios, las zonas agrícolas, los cultivos, el ganado, las instalaciones de agua potable, etc.

El estudio de los problemas del hambre y de la desnutrición se remonta a los años 60, período en que es posible encontrar muchos trabajos en los cuales este tema era abordado con mayor o menor rigurosidad científica.

La temática adquirió más atención desde comienzos de los años 70 cuando informes como Los Límites del crecimiento y La Humanidad en la encrucijada, elaborados por sendos grupos interdisciplinarios del Instituto Tecnológico de Massachusetts de Estados Unidos para el Club de Roma, lo identificaron como uno de los principales problemas globales.

Sin embargo, estos primeros estudios padecieron de sustanciales deficiencias teórico-metodológicas en el abordaje del hambre pues se limitaron a un enfoque tecnoeconómico según el cual, los problemas alimentarios del planeta se relacionaban con la incapacidad científica y tecnológica de los países para elevar sostenidamente los niveles de la producción alimentaria con vistas a atender las necesidades de una población exponencialmente creciente. Cuando más, algunos de estos análisis hicieron importantes contribuciones a la comprensión del impacto del hambre y la malnutrición en el denominado ciclo biológico de los seres humanos.

 
Diversas catástrofes naturales (inundaciones y sequías) que determinaron muy malas cosechas e importantes descensos en la producción alimentaria de regiones de Asia y África en los años 70, la radicalización de las posiciones políticas y económicas de las naciones subdesarrolladas y la utilización por las principales potencias capitalistas del “arma de los alimentos”, determinaron la necesidad de realizar estudios más profundos acerca de las causas de las hambrunas.
Estos estudios se correspondieron con una época en que las investigaciones sobre los denominados problemas globales dejaron a un lado sus primeras aproximaciones simplistas (al ser informes elaborados a partir de los resultados de modelos económico-matemáticos), la inclinación a un enfoque tecnoeconómico y cuantitativo, y el soslayamiento de las dimensiones sociales, políticas y otras.

Desde el punto de vista económico, el hambre y la malnutrición son consecuencia de los bajos niveles de ingreso (pobreza) existentes en las naciones subdesarrolladas. En lo social, ambos flagelos tienen notables consecuencias sobre el estado sanitario y educacional de los afectados. En lo político, se relacionan con situaciones de sometimiento político-económico que llevan a la acentuación del atraso y el subdesarrollo en extensas zonas del planeta, y a la creciente dependencia de muchas naciones subdesarrolladas de la ayuda alimentaria de emergencia, entre otras cuestiones. Desde el punto de vista ético, constituyen una afrenta a la dignidad de una importante fracción de los habitantes del planeta.

Muchos de los abordajes de la temática alimentaria a partir de finales de los años 70 y en los 80 se caracterizaron por la incorporación de nuevas dimensiones analíticas como las cuestiones relativas a los sistemas de tenencia y explotación de la tierra, las desigualdades nacionales e internacionales en la distribución de los ingresos y el estado de las relaciones económicas y políticas internacionales, todo lo cual posibilitó ver la naturaleza sistémica de la referida temática.

De esta manera, se produjeron sustanciales desarrollos en la comprensión de la problemática del hambre como un importante asunto global, ya que fueron puestas de manifiesto sus aristas económicas, sociales, políticas, éticas e, incluso, medioambientales.

Sin embargo, a partir de la segunda mitad de los años 70 y, sobre todo, en los 80, las naciones capitalistas desarrolladas pusieron en práctica novedosas estrategias para doblegar el protagonismo internacional alcanzado por las naciones subdesarrolladas a instancia de las actividades desplegadas por el Movimiento de Países No Alineados y el Grupo de los 7.

Esta situación determinó el comienzo de un paradójico proceso que se mantiene hoy en día de forma acentuada: el de la divergencia entre los resultados de las investigaciones acerca de las causas del hambre y las vías para su eliminación, así como el aumento de las posibilidades científico-técnicas del planeta para erradicar este flagelo, de una parte; y, de otra, la naturaleza de las acciones de las principales potencias mundiales (de la cual se han visto permeados muchos organismos y organizaciones internacionales), según la cual la “solución” del problema se reduce a la ayuda alimentaria y algunas otras pocas acciones.

De todas formas, en medio de este adverso contexto internacional para el impulso de acciones y políticas encaminadas a la solución de los más importantes problemas globales, ha sido posible el logro de algunos éxitos.

Tal es el caso del estado del debate en torno a los derechos humanos, temática impulsada por Estados Unidos y las restantes naciones industrializadas desde finales de los años 70 y mediante la cual se perseguía priorizar los derechos civiles y políticos. Tal campaña sería utilizada más adelante por estas naciones, alejándose de sus loables objetivos iniciales, para tratar de universalizar el modelo de sociedad e instituciones occidentales.

No obstante, las discusiones realizadas en el seno de la ONU y en otros cónclaves en torno a los derechos humanos, posibilitó adelantar la idea de que junto a los derechos civiles y políticos deben ser garantizados otros (tan importantes como aquellos): los económicos, sociales y culturales.
 

 Consideramos que la notoriedad adquirida por los derechos económicos, sociales y culturales como otro grupo de derechos humanos (que como ha sido reconocido mantienen un carácter de universalidad, interdependencia e indivisibilidad con los derechos civiles y políticos), posibilitó, primero, la promulgación de la Resolución 41/128 de 1986 sobre el Derecho al Desarrollo y, más tarde, la elaboración de documentos encaminados a la estructuración de otros derechos humanos específicos como el Derecho a una Vivienda y Alimentación adecuadas.

Como indicara el experto noruego Asbjørn Eide, “el derecho a la alimentación forma parte del derecho más amplio a un nivel de vida adecuado (...). La alimentación por sí sola no es suficiente para asegurar una buena nutrición del individuo. El derecho a una alimentación adecuada es un componente necesario, pero no suficiente por sí solo del derecho a una nutrición adecuada (...)”.
    
Acontecimientos recientes en el campo de la producción y el comercio internacionales están demostrando que los alimentos están siendo convertidos en un elemento de manipulación económica, política, social y científico-técnica, por parte de las principales potencias mundiales.

Además de los ya conocidos problemas económicos (productivos, comerciales y financieros) que presentan la mayoría de los países subdesarrollados para poder adelantar una producción alimentaria de un nivel suficiente para atender las necesidades de sus pobladores y así garantizar su seguridad alimentaria, más recientemente nos enfrentamos a la sesgada utilización que del progreso científico-técnico más moderno realizan las naciones industrializadas y, en especial, sus corporaciones transnacionales.

Mediante el desarrollo de nuevas variedades de plantas y animales a partir de los desarrollos de la genética y la biotecnología, entre otras vías, las referidas naciones han podido lograr el aumento de la producción de bienes agropecuarios con los cuales provocan nefastas consecuencias para las producciones de las naciones subdesarrolladas y sus posibilidades de exportación.

Asimismo son comunes las presiones por parte de los países capitalistas desarrollados y sus corporaciones transnacionales para que las naciones del mundo subdesarrollado acepten la introducción de novedosas variedades de semillas que, en definitiva, redundarán en un aumento de la dependencia respecto de los países centrales, al tiempo que la seguridad alimentaria de aquéllos se debilitará.

Cuando todavía las personas sensibles que habitan el planeta no se han repuesto de noticias que indican que se destruyen cantidad apreciables de alimentos con el único objetivo de mantener los precios, o de los resultados de estudios que señalan la cantidad de recursos que se invierten en producir y/o comprar alimentos para animales, ahora deben enfrentarse a nuevas situaciones que ponen de manifiesto la irracionalidad del actual sistema de relaciones internacionales.

Así, asistimos al proceso de la imposición de los transgénicos por parte de las referidas corporaciones, las cuales están comercializando ampliamente una cierta cantidad de productos sin una adecuada evaluación de sus implicaciones para la salud de los seres humanos, siguiendo exclusivamente sus fines de lucro, o, peor aún, los brindan a los países necesitados de ayuda alimentaria y que se encuentran en situaciones de catástrofe.

 La solución de los problemas de la alimentación para todos los seres humanos del planeta no será posible hasta que tal tarea deje de ser vista de manera estrecha y limitada, como la “progresiva reducción” -hasta su eliminación- de los hambrientos y desnutridos.

Los problemas del hambre guardan una íntima relación con numerosos aspectos económicos, sociales, políticos, ambientales, institucionales y otros, cuya solución debe ser acometida para posibilitar la erradicación del hambre y la malnutrición en el planeta.

La erradicación del hambre y un pleno ejercicio por cada habitante del planeta del Derecho a una Alimentación Adecuada sólo se alcanzará cuando se reúnan dos condiciones: de una parte, que todos los países puedan realizar el pleno ejercicio del Derecho al Desarrollo y, de otra, que se logre un crecimiento sostenido y sustentable a nivel de la economía mundial.

De esta forma, durante el pasado decenio asistimos a una gradual toma de consciencia de que el principal problema global que aqueja a la Humanidad en nuestros días es el del desarrollo mundial, y gracias a que aquél período se caracterizó por la extrema inestabilidad de la economía mundial (evidenciada en las recurrentes crisis monetario-financieras); el nivel cuantitativa y cualitativamente superior alcanzado por la concentración de las riquezas, el poder y la toma de decisiones; y una increíble extensión de la pobreza (asociada a un notable viraje en la situación de los mercados laborales y en un aumento del nivel del desempleo), entre otras manifestaciones.

De manera todavía discreta, la problemática del desarrollo ha ido ganando relevancia en la agenda de los organismos internacionales y en las consideraciones de la opinión pública internacional. Así, en el pasado decenio asistimos a la realización de una serie de Conferencias Internacionales en que, aunque el tema central era alguno de los problemas globales, el “desarrollo” siempre estuvo presente.

No obstante, la temática del desarrollo fue abordada de forma fragmentaria en todas estas conferencias y en las de seguimiento que les han sucedido cada cinco o diez años. Ello se debe a que desde hace bastante tiempo las naciones industrializadas supieron secuestrar los aspectos más importantes del tema del desarrollo y llevarlos a aquellos organismos internacionales en los cuales ejercen un gran control.

En nuestra opinión todo esto pone de manifiesto la capacidad alcanzada por las principales potencias mundiales para controlar, influir y manipular los organismos internacionales y distorsionar los resultados de las discusiones sobre temas relevantes para la mayoría de los habitantes del planeta.

Para el Sr. Asbjørn Eide, la erradicación del hambre, tanto a nivel nacional como internacional, lleva a la necesidad de reconsiderar el papel de los Estados. Para este experto, los Estados deben cumplir las siguientes cuatro funciones:

• “(...) respetar los recursos que posee el individuo, su libertad de buscar el trabajo de su preferencia y de aprovechar al máximo sus conocimientos
• (...) ofrecer una activa protección contra otros elementos (…) por ejemplo, de la protección contra el fraude, contra un comportamiento contrario a la ética en las relaciones comerciales y contractuales y contra la comercialización y el vertido de productos peligrosos
• (...) facilitar oportunidades que permitan el disfrute de los mencionados derechos (...) respecto del derecho a la alimentación, los Estados deben (...) tomar medidas para «mejorar los métodos de producción, conservación y distribución de alimentos mediante la plena utilización de los conocimientos técnicos y científicos y el perfeccionamiento o la reforma de los regímenes agrarios»
• (…) satisfacer los derechos de quienes de otra manera no podrían disfrutar de sus derechos económicos, sociales y culturales. (...) Las obligaciones hacia las personas de edad y los discapacitados, que en la sociedad agrícola tradicional recaían en la familia, están pasando a ser cada vez más una responsabilidad del Estado, y, por consiguiente, de la sociedad nacional en su conjunto”.

 

De ahí que la actual situación pone en el centro del debate internacional las siguientes cuestiones. En primer lugar, la necesidad de contribuir a una mayor toma de consciencia acerca del desarrollo mundial (y dentro de ella, la del hambre por ser una de sus aristas más sensibles) como el problema global más importante de nuestro tiempo.

En segundo lugar, en la medida en que los organismos internacionales se encuentran sometidos a un fuerte control por parte de las potencias occidentales, las cuales boicotean la discusión de aquellas cuestiones que no son de su interés o distorsionan el curso de las negociaciones, resulta urgente continuar fortaleciendo la argumentación teórica y las medidas encaminadas a una efectiva realización del Derecho a una Alimentación Adecuada tanto a nivel nacional como mundial.

 

En tercer lugar, la realización del Derecho a una Alimentación Adecuada no debe limitarse a la consecución de medidas encaminadas a que cada ciudadano del planeta disponga de una cantidad conveniente y asequible de alimentos con los cuales satisfacer sus necesidades alimentarias, sino que, también, estos alimentos deben ser de una calidad adecuada.

En cuarto lugar, debe insistirse en que sin una plena realización del Derecho a una Alimentación Adecuada no se podrá alcanzar la seguridad alimentaria, siempre y cuando entendamos esta última como “el acceso por todas las personas en todo momento a los alimentos necesarios para una vida sana y activa (...) Alcanzar la seguridad alimentaria significa garantizar que se disponga de suficientes alimentos, que los suministros sean relativamente estables y que quienes los necesiten pueda obtenerlos”.

El aspecto del acceso a los alimentos debe tomar en consideración cuestiones como las siguientes: a) la gestión sostenible de los recursos naturales y b) la necesidad de evitar la discriminación en el acceso a los alimentos o a los recursos para la obtención de los mismos (derechos de la mujer, derecho a la herencia, derecho a la tierra y otros).8

En quinto lugar, y relacionado con el anterior, el Derecho a una Alimentación Adecuada no será realizado si su consecución no avanza conjuntamente con el logro de todos los derechos humanos.

En sexto lugar, el desarrollo de las concepciones teóricas relacionadas con el Derecho a una Alimentación Adecuada, visto éste como un eje sistémico que contemple aspectos económicos, sociales, políticos, ambientales, éticos y otros, será de una enorme importancia para confrontar las construcciones ideológicas que se defienden en algunos organismos internacionales (OMC por ejemplo) y que tratan de presentar toda defensa de la salud, de la calidad de los alimentos, etc., como elementos contrarios al libre comercio y la “libertad”.

De ahí que, ante el creciente reconocimiento de que la globalización neoliberal trae más aspectos negativos que positivos, consideremos que la lucha en pro de la plena realización tanto de un Derecho a una Alimentación Adecuada, como del Derecho al Desarrollo, pueden ser importantes elementos a utilizar en los trabajos que ya se emprenden para la estructuración de una alternativa al actual modelo económico.

En séptimo lugar, la extrema sensibilidad del tema de la alimentación lo hace apropiado para que en el seno de la ONU se comience un proceso de revisión y/o complementación de las diversas insuficiencias presentes en los documentos acerca de los derechos humanos, que no toman en consideración los efectos adversos que sobre el respeto de éstos ocasionan las actividades de las corporaciones transnacionales. Así, una de las ideas pendientes es la elaboración de un Código de Conducta, que debió comenzarse a crear luego de finalizada la Cumbre Mundial sobre la Alimentación.

En nuestra opinión, el Derecho a una Alimentación Adecuada contribuirá a imprimirle un viraje a las estrategias nacionales, regionales y mundiales de desarrollo que las alejen de las aproximaciones tecnoeconómicas que las han caracterizado en las últimas décadas (y que, incluso, han permeado a los organismos regionales e internacionales) y coadyuvará a que éstas pongan más énfasis en los aspectos sociales, éticos y morales del desarrollo.
En correspondencia con la necesidad de continuar denunciando la gravedad de la situación mundial en materia de hambre o desnutrición que viven millones de personas en todo el planeta, de ampliar la investigación de las reales causas de estos flagelos y de poner de manifiesto tanto la naturaleza multidimensional de aquellos fenómenos como de las estrategias que deben ser adoptadas para erradicarlos, el trabajo que se presenta a los lectores es una obra muy rigurosa.

El M.Sc. y Dr. Juan Carlos Morales González ha trazado un profundo análisis de la problemática del hambre a nivel mundial, el que se caracteriza por un cierto número de méritos. Este trabajo realiza un abordaje multifacético del hambre y la desnutrición, pues en éste quedan vinculadas las dimensiones económica, política, social y otras, lo cual constituye una excelente muestra de los enfoques que deben realizar en la actualidad los científicos sociales con vista a estudiar los problemas que nos aquejan.

Sólo tal tipo de aproximación a una determinada problemática, permite llegar a sus verdaderas causas, explicarlas adecuadamente y sugerir las medidas más acordes para su solución.

El libro es el fruto de una minuciosa investigación desarrollada por el autor con la cual perseguía no sólo estudiar los actuales aspectos del hambre y la desnutrición que padecen millones de personas en todo el mundo, sino que también buscaba descentrar las raíces históricas de esta calamidad.

La rigurosidad y multidimensionalidad con la que el autor acometió la tarea no constituyeron elementos que le impidieran presentar sus resultados de una forma amena y asequible a cualquier lector que se aproxime a esta obra. No obstante, el autor no ha hecho concesiones a una vulgarización de la temática.

Además de una sólida argumentación teórica de sus consideraciones, los lectores encontrarán en la obra del Dr. Morales González una aceptable cantidad de datos que les permitirán apreciar en toda su crudeza la extensión planetaria del hambre y la gravedad alcanzada por la desnutrición.

En este sentido, consideramos que esta obra es un adecuado aporte a la divulgación y estudio de tan importante y execrable flagelo que, a pesar de las numerosas estrategias, compromisos, análisis, declaraciones y conferencias internacionales que se le dedican, sigue siendo una realidad latente e indicativa de la naturaleza injusta e irracional del actual sistema de relaciones económicas y políticas internacionales.

Dr. Silvio Baró Herrera
Profesor Titular Universidad de La Habana
Profesor Titular Instituto Superior de Relaciones Internacionales – Cuba
Investigador Titular Centro de Estudios sobre África y el Medio Oriente – Cuba

Marzo del 2006

Índice general


Agradecimientos
Prólogo
Introducción
Glosario mínimo

Primera parte
La alimentación humana y el hambre en la historia. Un asunto de “vida o muerte”
Capítulo I
Bosquejo histórico de la alimentación y el hambre
Capítulo II
Las cifras del hambre en la historia más reciente
Capítulo III
Producción, comercio y las reservas mundiales de alimentos

Segunda parte
Globalización neoliberal y el problema alimentario
Capítulo IV
Globalización neoliberal: Mistificaciones
Capítulo V
Globalización neoliberal: Hacedora de hambre. Sus instrumentos
Capítulo VI
Globalización neoliberal, soberanía, autonomía, autogestión, autosuficiencia y seguridad alimentarias
Capítulo VII
Alimento, individuo y globalización neoliberal

Tercera parte
Hambre y conflictos, la realidad colombiana, y los caminos por tomar
Capítulo VIII
Hambre, conflictos y medio ambiente
Capítulo IX
¿Y nosotros?
Capítulo X
¿Qué hacer?
1. Concienciación
2. Interdicción del capitalismo y la globalización neoliberal como modelos hegemónicos
3. Defensa de la soberanía, autonomía, autogestión, autosuficiencia y seguridad alimentarias
4. Alimentarse: Un derecho preeminente
5. Rediseñar la producción agropecuaria y revalorar las prácticas productivas tradicionales
6. Explorar sistemas agropecuarios sustentables
7. La protección del medio ambiente y la lucha axiológica
8. Vigilar los desarrollos biotecnológicos
9. Protección de simientes, flora y fauna
10. Prevenir la sinergia entre los conflictos armados, el hambre y otras carencias
Conclusiones
Bibliografía
 
Anexo
Clasificación regional utilizada por la FAO en sus reportes estadísticos
Anexo 2
Notas sobre la información gráfica
Índice analític
o